En su nuevo ensayo *Gorda sinvergüenza*, publicado por EnDebate, la escritora tinerfeña Aida González Rossi (1995) despliega una reflexión contundente y profundamente personal sobre la reconciliación con su cuerpo, en un contexto social marcado por la estigmatización de los cuerpos grandes. A través de un relato valiente y crítico, González Rossi desnuda las violencias ejercidas por la gordofobia institucional y cotidiana, cuestiona los cánones opresores de belleza y abraza con euforia la diversidad corporal como un acto político y liberador.
Una biblioteca para la liberación corporal
En conversación con esta redacción, la autora compartió una selección de libros que han sido fundamentales en su proceso de sanación personal y en el desarrollo de una mirada crítica sobre el cuerpo, la identidad y la opresión estructural. Para González Rossi, estos textos no solo acompañan, sino que transforman: “Leer a autoras gordas y a quienes piensan el cuerpo desde lo político me ha permitido ver que lo que muchas vivimos como problemas individuales son, en realidad, experiencias colectivas. Los libros nos ayudan a no sentirnos solas, a entender que no merecemos el maltrato y a imaginar otras formas de habitar el cuerpo”.
Obras que marcan un antes y un después

- Material inflamable (Almía, 2026), de Rosa Ramírez Mazaheri: González Rossi celebra esta novela como un estallido literario. “Es una primera novela que llega con una fuerza brutal. Todo en ella es exceso, corporalidad y verdad. Habla de lo que no se debe decir, de lo que los espacios privilegiados entierran. La protagonista, la autora, incluso la portada, son icónicas. Me declaro fan absoluta”.
- Las devororas (Blackie Books, 2021), de Lara Williams: “Este libro me removió por dentro. Un grupo de mujeres que decide engordar como acto de rebeldía frente al mandato de la delgadez. Es una celebración del placer, sí, pero también del placer como resistencia. Me hizo repensar mi relación con los cambios de mi cuerpo”.
- Panza de burro (Barrett, 2020), de Andrea Abreu: Aunque Abreu no es una autora gorda, González Rossi destaca la novela por su sensibilidad al retratar la gordura desde una mirada infantil y honesta. “La protagonista se enamora de Isora, una niña gorda, y la describe con un lenguaje que no está contaminado por la vergüenza o el estigma. Esa mirada pura, que ve belleza y crudeza sin juicio, me conmovió profundamente”.
- Tienes derecho a permanecer gorda (Melusina, 2018), de Virgie Tovar: “El título lo dice todo. Es un libro que parece sencillo, pero está cargado de teoría, lucidez y fuerza. Habla de cosas que te quedan dentro, que te ayudan a vivir mejor. Eso, para mí, es el objetivo de un buen ensayo”.
- Stop gordofobia y las panzas subversas (Zambra-Balre, 2016), de Magdalena Piñeyro: “Este libro lo es todo. Es accesible, profundo, completo. Es la puerta de entrada perfecta para entender qué es la gordofobia, cómo funciona y qué consecuencias tiene. Le debemos mucho a Magdalena Piñeyro. Tiene un cerebro gordísimo —nunca mejor dicho— y hay que seguirla en redes sin dudarlo”.
Con esta selección, Aida González Rossi no solo traza un mapa emocional y político, sino que invita a repensar la lectura como un acto de comunidad, resistencia y reconstrucción del yo. En un mundo que sigue castigando los cuerpos que se salen del molde, estos libros se erigen como faros de autonomía, deseo y dignidad.
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